Hace un par de días, el presidente de los Estados Unidos (EU), Donald Trump, revivió el tema de migración en la frontera entre México y EU. Esto surgió después de que declarara, a través de su cuenta de twitter, que México no estaba haciendo nada por detener a un grupo de centroamericanos que se trasladaban por suelo mexicano con dirección a los EU. Siendo Trump una persona muy volátil (al parecer), la idea de que un grupo de latinoamericanos viajara de manera organizada para cruzar ilegalmente hacia EU lo sacó de sus casillas e incluso llegó a firmar una orden en donde daba indicaciones para que un grupo de militares se trasladara a la frontera y realizara actividades de vigilancia. Esta acción ayudaría a reducir (supuestamente) ese flujo de personas que tanta infelicidad le causa.

Escuchando este tipo de noticias, queda claro que Donald Trump no cambia (ni cambiará); aún mantiene, por ejemplo, la idea de llevar a cabo la construcción de un “hermoso” muro fronterizo. Personalmente, espero que el muro no llegue a concretarse jamás, no solo porque es una medida que no aporta nada a la solución de los problemas socioeconómicos causantes del movimiento migratorio hacia EU, sino también porque resulta que la construcción de este tipo de barreras es una amenaza al equilibrio de los ecosistemas fronterizos. Para ser claro, la construcción de un muro a lo largo de los más de 3000 km de frontera entre México y EU (incluso si es solo en algunos tramos) bloquearía el movimiento de especies salvajes entorpeciendo el intercambio genético, el rescate de poblaciones y la respuesta de las especies al cambio climático.

Ocelote, especie transfronteriza en peligro de extinción. Tomada de Greenwald et al 2017.

Esta preocupación no es nueva para la comunidad científica. Ha sido expresada a través de una serie de investigaciones publicadas en prestigiosas revistas científicas; la más reciente de ellas es una declaración de investigadores estadounidenses de la Universidad de Texas, la Universidad Estatal Sul Ross y el Instituto para la Conservación del Cactus en la revista científica Frontiers of Ecology and the Environment. En este escrito, los investigadores argumentan que la construcción del muro tendría efectos negativos sustanciales en las especies nativas de flora y fauna, así como en el equilibrio de los ecosistemas. La construcción de la ansiada valla de Trump traería consigo la destrucción y fragmentación del hábitat para numerosas especies de la región (Greenwald et al., 2018). 

Los investigadores detallan que por cada kilómetro de muro construido se destruirían entre 12 y 20 hectáreas de hábitat, siendo el bosque tamaulipeco de matorrales espinosos uno de los ecosistemas de mayor preocupación en la parte noreste de la frontera. En tal ecosistema habitan especies amenazadas como el ocelote (una especie de Leopardus), y Physaria thamnophila, una planta que habita justo donde se pretende construir el muro.

Búho mexicano, especie transfronteriza en peligro de extinción. Tomado de Greenwald et al., 2017.

Aparte de la destrucción del hábitat, la construcción del muro significa también fragmentar todo ecosistema que compartan EU y México. Al existir una barrera como la que propone Trump, las especies que habitualmente se mueven a de un lado a otro de la frontera serían impedidas de continuar haciéndolo libremente, lo que en muchos casos resultaría en la disminución de sus poblaciones, su aislamiento y en la limitación de sus fuentes de alimento y refugio. Ejemplos concretos de especies transfronterizas amenazadas son los osos negros, que habitan en los parques nacionales y áreas protegidas en la frontera entre Coahuila, Chihuahua y Texas; el búho enano, el borrego cimarrón, el jaguar, el berrendo sonorense, jabalíes, pumas y coatís, que habitan en los hábitats de la frontera entre Arizona y Sonora. De acuerdo a un reporte elaborado por investigadores del Centro para la Diversidad Biológica en Tucson, Arizona, un total de 93 especies de especies con cierto grado de amenaza de extinción serían afectadas por la construcción del muro (Greenwald et al, 2017).

Además, ¿quién dijo que la construcción de un muro puede frenar el flujo migratorio? Una investigación realizada por McCallum y colaboradores, publicada en la revista PLOS One, señala que el flujo de personas no se ve afectado por la presencia de barreras en la frontera. En palabras de los autores, los factores que impulsan la migración son lo suficientemente fuertes como para superar barreras físicas como esta (McCallum et al., 2014).

¿Tú qué opinas? ¿Habías pensado que el muro también tenía impacto sobre el ecosistema?

Referencias

Norma Fowler, Tim Keitt, Olivia Schmidt, Martin Terry, and Keeper Trout. 2018. Border wall: bad for biodiversity. Frontiers of Ecology and the Environment, 16(3): 137-138.

Noah Greenwald, Brian Segee, Tierra Curry and Curt Bradley. 2017. A wall in the wild: the disastrous impacts of Trump’s wall on wildlife. Report of the Center for Biological Diversity.  

Jamie W. McCallum, J. Marcus Rowcliffe, Innes C. Cuthill. 2014. Conservation on International Boundaries: The Impact of Security Barriers on Selected Terrestrial Mammals in Four Protected Areas in Arizona, USA. PLoS ONE 9(4): e93679.


Rodolfo Palomo

En la fábrica de investigadores.

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